Evaluación inicial del paciente

LA EVALUACIÓN INICIAL DEL PACIENTE
Justificación del proceso
Juan José Millán
@webjjmiles

A la hora de encontrarnos con un paciente, hemos de presentar una actitud analítica y de observación desde el momento inicial hasta el momento en el que hagamos la transferencia del paciente en el centro hospitalario, en el centro de salud o en el momento en el que el paciente quede en el punto por no precisar traslado.

La patología que puede presentar un paciente es realmente variada y compleja y para conocer todo lo que éste inmenso abanico de alteraciones de la salud pueden presentar, deberíamos dedicar varios años al estudio, por sistemas, de cada una de las diferentes patologías. Dicha tarea sería muy efectiva para poder desarrollar un juicio clínico y establecer una línea terapeútica en la que recurriríamos a los fármacos. Esta no es la finalidad del Técnico en Emergencias. La actividad del técnico en emergencias ha de centrarse en la valoración inicial del paciente y en la estimación de la gravedad de las lesiones que presenta, así como en saber reconocer ciertos signos y síntomas que hagan que el paciente precise el apoyo de un soporte vital avanzado con personal facultativo y/o enfermero.

Además, tenemos que sumar a nuestro campo de actuación la situación en la que vamos a encontrar al paciente. Nuestro medio de trabajo es la vía pública, locales comerciales, metro, domicilios y, nuestra misión, aunque no siempre así sea, es la de actuar en cuadros agudos, es decir, en patologías que requieren de una actuación inmediata por parte de los servicios de emergencia extrahospitalaria. Llegados a este punto convendría recordar la definición de dos conceptos claves como son el de Urgencia y el de Emergencia.

La palabra Urgencia, etimológicamente, proviene de la voz latina urgentia que significa urgente, es decir, que conduce a alguien a llevar una rápida actuación. Así, Gomez (2006)[1] aborda el concepto de Urgencia tratado por la Organización Mundial de la Salud, que la define como “la aparición fortuita (imprevista o inesperada) en cualquier lugar o actividad, de un problema de salud de causa diversa y gravedad variable, que genera la conciencia de una necesidad inminente de atención por parte del sujeto que lo sufre o de su familia”. El Dr. Gómez, realiza un breve resumen de dicha definición según la cual se entendería la Urgencia como “todo problema que genera la conciencia de una necesidad inminente de atención por parte del sujeto que lo sufre o de su familia (o quien quiera que asuma la responsabilidad de la demanda)”. Este resumen, sin duda, se acerca mucho a la definición de la Asociación Médica Americana (AMA), quien trata el concepto de Urgencia como aquella situación que requiere de atención médica inmediata”.

Frente a este concepto encontramos el de Emergencia, al que debemos comprender como toda situación en la que la vida del paciente o la función de algún órgano se encuentran en peligro[2] y en que, añadiendo la aportación de la OMS, “la falta de asistencia conduciría a la muerte en minutos”. A raíz de la necesidad de asistencia prematura en ciertos pacientes que presentan lesiones o patologías que pueden determinarse dentro de aquellas que conforman un cuadro de emergencia, surge la denominada hora dorada, concepto que subraya la necesidad imperiosa de prestar cuidados y atención al paciente en la primera hora posterior a sus injurias, ya que la evidencia científica demuestra que aquellos pacientes que son atendidos, estabilizados y trasladados a un hospital de primer nivel dentro de la primera hora desde que se inicia el cuadro patológico que requiere la activación de los servicios de emergencia extrahospitalarios, presentan una mayor supervivencia que aquellos que con los que se realizaron las mismas acciones excediendo la primera hora tras sobrevenir el cuadro patológico del paciente[3]. Si bien es cierto que dicha conceptualización se acerca más a la atención al paciente politraumatizado, es sencillo imaginar qué sucedería si no se prestase esa atención de emergencia a un paciente con cardiopatía isquémica o al paciente que presente un accidente cerebrovascular, por poner algunos ejemplos.

Por tanto, en la justificación de estas patologías que se presentan y que requieren de la rápida actuación del técnico en emergencias basada en la interpretación de signos y síntomas, y en cómo unos y otros se presentan, se entiende la importancia y la necesidad de realizar una excelente evaluación del paciente, ya que a raíz de los resultados obtenidos de la misma, y de la hipótesis de salud que maneje el técnico en emergencias, dependerá la activación de recursos avanzados y, en consecuencia, la atención que debe ofrecerse al paciente que requiere de una cadena de acciones sanitarias (asistencia inicial, soporte vital avanzado y estabilización, trasporte a centro hospitalario de primer nivel y atención hospitalaria) para que pueda hacerse frente a la alteración de salud grave y aguda que ha sobrevenido.

[1] . Gomez, J. (2006) Urgencia, gravedad y complejidad: un constructo teórico de la urgencia basado en el triaje estructurado. Emergencias. 18: 156 – 164.

[2] CTO (2011) Manual CTO Enfermería. CTO Editorial. Madrid.

[3] NORMAN, E., SCOTT, F., SALOMONE, J. (2007) Pre hospitalary Trauma Life Support. Elsevier, 2007

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